Las mil y una noches

26.08.2013 - 16:10

Parte I

Estreno: 19 de noviembre de 2004. Teatro Solís

A partir de 1704, el orientalista y viajero francés Antoine Galland empieza a dar a conocer en su país un serie de historias orientales publicadas con el título de Las mil y una noches. Esa primera versión de un libro que se convertiría en un clásico antes que nada para los lectores occidentales, era, más que una traducción en sentido estricto, una adaptación del original árabe a los gustos franceses de la época, la de Luis XIV.

Cuentos como Aladino y la lámpara maravillosa y Alí Babá y los cuarenta ladrones hicieron las delicias de las gentes del siglo XVIII, durante el cual la versión de Galland fue traducida a todas las lenguas del mundo occidental y, depurada de ciertos pasajes crudos, se puso al alcance de los niños y los jóvenes europeos, para quienes el libro se convirtió en sinónimo de literatura entretenida, agradable y exótica. Y de relato infinito, destinado a no tener fin y a renovar siempre el interés y la expectativa del lector, tal como la joven Shehrezada captura la atención del Rey Shahriyar, de acuerdo a la leyenda que es el motor del relato: una muchacha arriesga su vida contando una historia cada noche a un rey colérico, con el objetivo de distraerlo de su designio de sacrificar a las doncellas como venganza por haber sido engañado por su esposa. A lo largo de mil y una noches la mujer cuenta, el hombre escucha y se va postergando así la muerte gracias a lo dones de la relatora y a la curiosidad por la intriga de lo que se cuenta. La muchacha es finalmente perdonada porque el rey ha quedado admirado de su ingenio y también porque ha tenido un hijo con él, al cabo de una infinitud de historias en la que se fue desarrollando la propia. Esa doble estrategia (relatar para seguir viviendo) la rescata y genera nueva vida. Una mujer, de inagotable erudición narrativa, es el personaje que se ubica, entonces, en el origen del género cuento , un origen oriental que en la Edad Media ingresa a la literatura europea con una estrategia narrativa que se denominará cuento de lo cuentos o framestory , es decir, el relato que se desempeña como marco de los restantes cuentos incluidos en una colección, de la que es parte y origen.

Toda una cultura lejana repleta de leyendas fantásticas y maravillosas, de cuentos didácticos y humorísticos, se hizo presente entre los lectores occidentales desde aquel 1704, ya que después del descubrimiento de Galland aparecieron y compitieron, en el correr de los siglos posteriores, las traducciones inglesas de Lane y Burton, de Weil y Littman en Alemania, de Cansinos-Assens en España. Jorge Luis Borges menciona como obscena la versión de Richard Burton y como licenciosa la de J.C.Mardrus, considerada como la traducción francesa más completa (se publicó entre 1899 y 1906, en 16 volúmenes). A partir de ésta, Vicente Blasco Ibáñez realiza su versión española completa, una de las más difundidas en nuestra lengua.

Versiones, traducciones, adaptaciones, variantes, interpolaciones, nuevos relatos, establecen una continuidad con el origen mismo de este vasto material literario que se convirtió en sinónimo de literatura árabe popular y de retrato del islam. Antes de su primera y todavía misteriosa compilación (se ubican entre los siglos XII y XVI las fechas), fueron relatos orales desdeñados como literatura en las culturas mismas que los generaron: cuentos, consejas, leyendas contadas por los juglares callejeros en los mercados y no en los palacios, por lo tanto no apreciadas como parte de una literatura prestigiosa.

Las mil y una noches surgen de un modo misterioso. Son obra de miles de autores y ninguno pensó que estaba edificando un libro ilustre , escribió Borges. Cuando Francia lo descubre y lo divulga, el libro se va reintegrando, tardíamente, a un canon oriental establecido desde Occidente.

Su origen más lejano es un núcleo indo-iránico de relatos, que luego fue pasando por Persia (donde se arabiza y enriquece) hasta llegar a Egipto. En torno a estos tres estratos principales (India/Irán, Persia o Irak, Egipto), gravita toda una masa de material al que se fueron sumando influjo judaicos y greco-helenísticos. El resultado es un abigarrado tapiz en el que una historia sale de adentro de la otras, y que se pueden agrupar en hindúes, persas, musulmanes iraquíes (las historias del califa Harún al-Rashid pertencen a este agrupamiento), musulmanes egipcios, historias de orígenes extraños que terminaron integrándose al corpus general (como la historia de Sinbad el marino).

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